Original Poem
Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando, cuán presto se va el placer, cómo después, de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor. (...) III Nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar, que es el morir; allí van los señoríos derechos a se acabar y consumir; allí los ríos caudales, allí los otros medianos y más chicos, y allegados1, son iguales los que viven por sus manos y los ricos. Invocación 1Allegados: arcaísmo en el sentido de “cuando concluyen”. IV Dejo las invocaciones de los famosos poetas y oradores; no curo2 de sus ficciones, que traen yerbas secretas sus sabores. A aquél sólo me encomiendo, aquél sólo invoco yo de verdad, que en este mundo viviendo el mundo no conoció su deidad. V Este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar; mas cumple tener buen tino para andar esta jornada sin errar. Partimos cuando nacemos, andamos mientras vivimos, y llegamos al tiempo que fenecemos, así que cuando morimos descansamos. VI Este mundo bueno fue si bien usáramos de él como debemos, porque, según nuestra fe, es para ganar aquél que atendemos. Aun aquel hijo de Dios, para subirnos al cielo descendió a nacer acá entre nos, y a vivir en este suelo 2Curo: arcaísmo usado para expresar “me preocupo”. donde murió. VII Ved de cuán poco valor son las cosas tras que andamos y corremos, que en este mundo traidor, aun primero que muramos las perdemos. De ellas deshace la edad, de ellas casos desastrados3 que acaecen, de ellas, por su calidad, en los más altos estados desfallecen. VIII Decidme: la hermosura, la gentil frescura y tez de la cara, el color y la blancura, cuando viene la vejez, ¿cuál se para?4 Las mañas y ligereza y la fuerza corporal de juventud, todo se torna graveza cuando llega el arrabal de senectud5. (...) X Los estados y riqueza que nos dejan a deshora, ¿quién lo duda? no les pidamos firmeza, pues son de una señora que se muda, 3Desastrados: lamentables. 4Cuál se para: en el sentido de “en qué termina”. 5Arrabal de senectud: síntomas de la vejez. que bienes son de Fortuna6 que revuelven con su rueda presurosa, la cual no puede ser una ni estar estable ni queda en una cosa. (...) XIII Si fuese en nuestro poder hacer la cara hermosa corporal, como podemos hacer el alma tan gloriosa, angelical, ¡qué diligencia tan viva tuviéramos toda hora, y tan presta7 en componer la cativa dejándonos la señora8 descompuesta! XIV Esos reyes poderosos que vemos por escrituras ya pasadas, por casos tristes, llorosos, fueron sus buenas venturas trastornadas; así que no hay cosa fuerte, que a papas y emperadores y prelados, así los trata la muerte como a los pobres pastores de ganados. (...) XVII 6Fortuna: diosa romana de la suerte que repartía bienes y males entre los mortales. 7Presta: lista, preparada. 8Señora: aquí significa “alma” en oposición a cativa: cuerpo o rostro. ¿Qué se hicieron las damas, sus tocados y vestidos, sus olores? ¿Qué se hicieron las llamas de los fuegos encendidos de amadores? ¿Qué se hizo aquel trovar, las músicas acordadas que tañían? ¿Qué se hizo aquel danzar, aquellas ropas chapadas que traían? (...) XIX Las dádivas desmedidas, los edificios reales llenos de oro, las vajillas tan febridas, los enriques y reales9 del tesoro; los jaeces10, los caballos de sus gentes y atavíos tan sobrados, ¿dónde iremos a buscarlos? ¿qué fueron sino rocíos de los prados? XX Pues su hermano el inocente, que en su vida sucesor se llamó, ¡qué corte tan excelente tuvo y cuánto gran señor le siguió! Mas, como fuese mortal, metiole la muerte luego en su fragua. ¡Oh, juicio divinal, 9Enriques y reales: monedas de oro y plata respectivamente. 10 Jaeces: adornos de los caballos. cuando más ardía el fuego, echaste agua! XXI Pues aquel gran Condestable, maestre que conocimos tan privado, no cumple que de él se hable, sino sólo que lo vimos degollado. Sus infinitos tesoros, sus villas y sus lugares, su mandar, ¿qué le fueron sino lloros? ¿Qué fueron sino pesares al dejar? (...) XXIII Tantos duques excelentes, tantos marqueses y condes y varones como vimos tan potentes, di, muerte, ¿dó los escondes y traspones? Y las sus claras hazañas que hicieron en las guerras y en las paces, cuanto tú, cruda, te ensañas, con tu fuerza las atierras y deshaces. XXIV Las huestes innumerables, los pendones, estandartes y banderas, los castillos impugnables, los muros y baluartes y barreras, la cava honda, chapada, o cualquier otro reparo, ¿qué aprovecha? que si tú vienes airada, todo lo pasas de claro con tu flecha. XXV Aquél de buenos abrigo, amado, por virtuoso, de la gente, el maestre don Rodrigo Manrique, tanto famoso y tan valiente; sus hechos grandes y claros no cumple que los alabe, pues los vieron, ni los quiero hacer caros pues que el mundo todo sabe cuáles fueron. (...) XXIX No dejó grandes tesoros, ni alcanzó muchas riquezas ni vajillas; mas hizo guerra a los moros, ganando sus fortalezas y sus villas; y en las lides que venció, cuántos moros y caballos se perdieron; y en este oficio ganó las rentas y los vasallos que le dieron. XXX Pues por su honra y estado, en otros tiempos pasados, ¿cómo se hubo? Quedando desamparado, con hermanos y criados se sostuvo. Después que hechos famosos hizo en esta misma guerra que hacía, hizo tratos tan honrosos que le dieron aún más tierra que tenía. XXXI Estas sus viejas historias que con su brazo pintó en juventud, con otras nuevas victorias ahora las renovó en senectud. Por su grande habilidad, por méritos y anciano bien gastada, alcanzó la dignidad de la gran Caballería de la Espada. (...) XXXIII Después de puesta la vida tantas veces por su ley al tablero; después de tan bien servida la corona de su rey verdadero: después de tanta hazaña a que no puede bastar cuenta cierta, en la su villa de Ocaña vino la muerte a llamar a su puerta. Habla la muerte XXXIV Diciendo: “Buen caballero, dejad el mundo engañoso y su halago; vuestro corazón de acero, muestre su esfuerzo famoso en este trago; y pues de vida y salud hicisteis tan poca cuenta por la fama, esfuércese la virtud para sufrir esta afrenta que os llama. XXXV “No se os haga tan amarga la batalla temerosa que esperáis, pues otra vida más larga de la fama gloriosa acá dejáis. Aunque esta vida de honor tampoco no es eternal ni verdadera, mas, con todo, es muy mejor que la otra temporal perecedera. XXXVI “El vivir no es perdurable no se gana con estados mundanales, ni con vida deleitable donde moran los pecados infernales; mas los buenos religiosos gánanlo con oraciones y con lloros; los caballeros famosos, con trabajos y aflicciones contra moros. XXXVII “Y pues vos, claro varón, tanta sangre derramasteis de paganos, esperad el galardón que en este mundo ganasteis por las manos; y con esta confianza y con la fe tan entera que tenéis, partid con buena esperanza, que esta otra vida tercera ganaréis”. Responde el maestre XXXVIII “No tengamos tiempo ya en esta vida mezquina por tal modo, que mi voluntad está conforme con la divina para todo; y consiento en mi morir con voluntad placentera, clara y pura, que querer hombre vivir cuando Dios quiere que muera es locura. Oración XXXIX “Tú, que por nuestra maldad, tomaste forma civil y bajo nombre; tú, que a tu divinidad juntase cosa tan vil como es el hombre; tú, que tan grandes tormentos sufriste sin resistencia en tu persona, no por mis merecimientos, mas por tu sola clemencia me perdona”. Fin XL Así, con tal entender, todos sentidos humanos conservados, cercado de su mujer y de sus hijos y hermanos y criados, dio el alma a quien se la dio (en cual la ponga en el cielo en su gloria), que aunque la vida perdió dejonos harto consuelo su memoria
Translation (Spanish)
Recuerda el alma dormida, despierta y piensa en cómo pasa la vida, cómo llega la muerte en silencio, qué rápido se va el placer, y luego, al recordarlo, causa dolor; parece que cualquier tiempo pasado fue mejor. (...) III Nuestras vidas son como ríos que van al mar, que es la muerte; allí van los poderosos a terminar y desaparecer; allí los ríos grandes, medianos y pequeños, y al final, todos son iguales, tanto los que trabajan con sus manos como los ricos. Invocación 1Allegados: término antiguo que significa “cuando terminan”. IV Dejo de lado las invocaciones de los poetas y oradores famosos; no me preocupo de sus ficciones, que tienen sabores ocultos. Sólo me encomiendo a aquel, sólo invoco a aquel de verdad, que viviendo en este mundo no conoció su divinidad. V Este mundo es el camino hacia el otro, que es un lugar sin sufrimiento; pero es necesario tener buen juicio para recorrer este viaje sin equivocarse. Partimos cuando nacemos, caminamos mientras vivimos, y llegamos al momento en que morimos, así que cuando morimos descansamos. VI Este mundo sería bueno si lo usáramos bien, porque, según nuestra fe, es para ganar el otro al que aspiramos. Incluso el hijo de Dios, para llevarnos al cielo, descendió a nacer aquí entre nosotros, y a vivir en esta tierra donde murió. VII Mira cuán poco valor tienen las cosas que perseguimos y corremos tras ellas, que en este mundo traidor, incluso antes de morir, las perdemos. La edad las destruye, los eventos desafortunados que ocurren, por su naturaleza, incluso en los estados más altos, se desvanecen. VIII Dime: la belleza, la frescura y el color de la piel, la blancura, cuando llega la vejez, ¿qué queda?4 Las habilidades y la agilidad y la fuerza corporal de la juventud, todo se vuelve pesado cuando llega la vejez5. (...) X Los estados y la riqueza que nos dejan de repente, ¿quién lo duda? no les pidamos estabilidad, pues son de una señora que cambia, 3Desastrados: lamentables. 4Cuál se para: en el sentido de “en qué termina”. 5Arrabal de senectud: síntomas de la vejez. que son bienes de Fortuna6 que giran con su rueda apresurada, la cual no puede ser una ni estar estable ni quedarse en una cosa. (...) XIII Si estuviera en nuestro poder hacer el cuerpo hermoso, como podemos hacer el alma tan gloriosa, angelical, ¡qué diligencia tan viva tendríamos todo el tiempo, y tan lista7 en componer el cuerpo dejándonos el alma8 descompuesta! XIV Esos reyes poderosos que vemos en escritos ya pasados, por eventos tristes, llorosos, sus buenas fortunas fueron trastornadas; así que no hay nada fuerte, que a papas y emperadores y prelados, así los trata la muerte como a los pobres pastores de ganado. (...) XVII 6Fortuna: diosa romana de la suerte que repartía bienes y males entre los mortales. 7Presta: lista, preparada. 8Señora: aquí significa “alma” en oposición a cativa: cuerpo o rostro. ¿Qué pasó con las damas, sus peinados y vestidos, sus perfumes? ¿Qué pasó con las llamas de los fuegos encendidos de amantes? ¿Qué pasó con aquel cantar, las músicas acordadas que tocaban? ¿Qué pasó con aquel bailar, aquellas ropas decoradas que llevaban? (...) XIX Las dádivas excesivas, los edificios reales llenos de oro, las vajillas tan finas, las monedas de oro y plata9 del tesoro; los adornos10, los caballos de sus gentes y atavíos tan abundantes, ¿dónde iremos a buscarlos? ¿qué fueron sino rocío de los prados? XX Pues su hermano el inocente, que en su vida fue llamado sucesor, ¡qué corte tan excelente tuvo y cuántos grandes señores le siguieron! Pero, como era mortal, la muerte lo llevó rápidamente a su fragua. ¡Oh, juicio divino, 9Enriques y reales: monedas de oro y plata respectivamente. 10 Jaeces: adornos de los caballos. cuando más ardía el fuego, echaste agua! XXI Pues aquel gran Condestable, maestro que conocimos tan cercano, no es necesario hablar de él, sino sólo que lo vimos decapitado. Sus infinitos tesoros, sus villas y sus lugares, su mando, ¿qué le fueron sino llantos? ¿Qué fueron sino penas al dejar? (...) XXIII Tantos duques excelentes, tantos marqueses y condes y varones como vimos tan poderosos, dime, muerte, ¿dónde los escondes y trasladas? Y sus claras hazañas que hicieron en las guerras y en las paces, cuanto tú, cruel, te ensañas, con tu fuerza las derribas y destruyes. XXIV Las huestes innumerables, los estandartes, banderas y pendones, los castillos inexpugnables, los muros y baluartes y barreras, la zanja profunda, revestida, o cualquier otro obstáculo, ¿de qué sirve? que si tú vienes airada, todo lo atraviesas claramente con tu flecha. XXV Aquel de buenos abrigos, amado, por virtuoso, de la gente, el maestro don Rodrigo Manrique, tan famoso y tan valiente; sus grandes y claras hazañas no es necesario alabarlas, pues las vieron, ni quiero hacerlas caras pues que el mundo todo sabe cuáles fueron. (...) XXIX No dejó grandes tesoros, ni alcanzó muchas riquezas ni vajillas; pero hizo guerra a los moros, ganando sus fortalezas y sus villas; y en las batallas que ganó, cuántos moros y caballos se perdieron; y en este oficio ganó las rentas y los vasallos que le dieron. XXX Pues por su honor y estado, en otros tiempos pasados, ¿cómo se comportó? Quedando desamparado, con hermanos y criados se sostuvo. Después de hacer hechos famosos en esta misma guerra que hacía, hizo tratos tan honorables que le dieron aún más tierra que tenía. XXXI Estas sus viejas historias que con su brazo pintó en juventud, con otras nuevas victorias ahora las renovó en vejez. Por su gran habilidad, por méritos y anciano bien gastado, alcanzó la dignidad de la gran Caballería de la Espada. (...) XXXIII Después de arriesgar la vida tantas veces por su fe en el tablero; después de servir tan bien a la corona de su verdadero rey: después de tantas hazañas a las que no puede bastar cuenta cierta, en su villa de Ocaña vino la muerte a llamar a su puerta. Habla la muerte XXXIV Diciendo: “Buen caballero, dejad el mundo engañoso y su halago; vuestro corazón de acero, muestre su esfuerzo famoso en este momento; y pues de vida y salud hicisteis tan poca cuenta por la fama, esfuércese la virtud para soportar esta afrenta que os llama. XXXV “No se os haga tan amarga la batalla temerosa que esperáis, pues otra vida más larga de la fama gloriosa acá dejáis. Aunque esta vida de honor tampoco es eterna ni verdadera, mas, con todo, es mucho mejor que la otra temporal perecedera. XXXVI “El vivir no es perdurable no se gana con estados mundanales, ni con vida deleitable donde moran los pecados infernales; mas los buenos religiosos lo ganan con oraciones y con llantos; los caballeros famosos, con trabajos y aflicciones contra moros. XXXVII “Y pues vos, claro varón, tanta sangre derramasteis de paganos, esperad el galardón que en este mundo ganasteis por las manos; y con esta confianza y con la fe tan completa que tenéis, partid con buena esperanza, que esta otra vida tercera ganaréis”. Responde el maestro XXXVIII “No tenemos tiempo ya en esta vida miserable por tal modo, que mi voluntad está conforme con la divina para todo; y consiento en mi morir con voluntad placentera, clara y pura, que querer hombre vivir cuando Dios quiere que muera es locura. Oración XXXIX “Tú, que por nuestra maldad, tomaste forma humana y bajo nombre; tú, que a tu divinidad uniste cosa tan vil como es el hombre; tú, que sufriste tan grandes tormentos sin resistencia en tu persona, no por mis méritos, mas por tu sola clemencia me perdona”. Fin XL Así, con tal entendimiento, todos los sentidos humanos conservados, rodeado de su mujer y de sus hijos y hermanos y criados, dio el alma a quien se la dio (en cual la ponga en el cielo en su gloria), que aunque la vida perdió nos dejó mucho consuelo su memoria.
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